105. Por qué el final de una historia es lo más importante

Todos hemos oído mil veces que el final de una historia es lo más importante. Pero, ¿por qué? Hoy vamos a buscar las razones de la importancia de los finales hablando no solo de narrativa, sino también de psicología e incluso ciencia. Va a ser un podcast muy revelador, os lo prometo.

La semana pasada leí el tuit de un guionista que comentaba que usaba la aplicación Toggl para gestionar sus proyectos gracias a que la había escuchado en el podcast que hice sobre productividad. Me encanta. Porque a veces parece que hablo solo a un micrófono y comentarios como este me recuerda que sois muchos los que me escucháis y que os son útiles todos los consejos que vemos aquí. Y como ese podcast que hice de productividad tuvo mucho éxito y fue un curso muy votado hoy comienza el Curso de Productividad para Guionistas. A lo largo de 10 lecciones os guiaré paso a paso a través de videotutoriales donde veremos herramientas y recursos para organizaros mejor en la escritura de vuestros guiones y que consigáis mejores resultados con menor esfuerzo. En la primera clase veremos cómo organizar nuestras tareas atendiendo a su importancia y su urgencia.

Y el sábado comienza un curso nuevo: Formato Estándar de Guion. A lo largo de 5 lecciones os guiaré paso a paso en el aprendizaje de la escritura con el formato de guion profesional. Veremos cada elemento de forma detallada para que vuestros guiones sean lo más profesionales posible y acordes a lo que se solicita en la industria audiovisual.

Y también tenemos otra novedad: Los Certificados de los Cursos de guion. Como ya sabéis el objetivo de la Plataforma Guiones y Guionistas es un aprendizaje integral del oficio de guionista que combine la teoría con la práctica. Por eso a partir de ahora los cursos troncales, como el curso de guion de cortometraje y el curso de creación de webseries, dispondrán de CERTIFICADOS para los alumnos que, además de visionar las clases, realicen un trabajo final.

Las certificaciones de la Plataforma de Guiones y guionistas garantizan que los alumnos han visionado todos los videotutoriales del curso y han realizado el proyecto final con aprovechamiento. Con la entrega del trabajo final, además del certificado se recibirá un feedback gratuito del proyecto. Y recuerdo que los cursos también tienen soporte: cualquier duda que surja con las clases será respondida a la mayor brevedad.

La importancia de los finales

El sábado pasado viví dos situaciones que me hicieron reflexionar sobre la importancia del final en las historias. Por un lado fui al cine y vi una película, Madame, que estaba resultando entretenida pero que tuvo un final raro. A la salida del cine, mi acompañante y yo no comentamos nada de la película, solo hablamos del final, y no para bien.

Unas horas antes había visto la final de la Champion donde el Real Madrid se coronaba campeón por tercera vez consecutiva. En el ambiente todo era alegría y el gol de chilena de Bale todavía coleaba en la retina de todos cuando Cristiano Ronaldo hizo una declaraciones en las que dejaba ver que quizás se iba a ir del Real Madrid. A partir de ese momento los comentaristas no hablaban de otra cosa, que si estaba descontento en el club blanco, que si era inoportuno y egoísta sacar esas quejas en un momento de euforia y alegría colectiva como el que estaban viviendo… pero ese final volvía a enturbiar la fiesta.

Y más ejemplos. El protagonista de la película Adaptation, el ladrón de orquídeas, escrita por Charlie Kauffman, es el propio Kauffman que muestra un bloqueo creativo que le impide encontrar el final de su guion. En un momento concreto, acude a uno de los seminarios del profesor y teórico del guion más famosos del mundo, Robert MacKee, que le habla de la importancia de los finales:

El final es la película. Gánatelos al final y será un éxito. Puedes tener fallos y errores, pero déjalos boquiabiertos al final y tendrás un éxito.

El consejo de MacKee se basa en una gran tradición de películas comerciales. Y es cierto. Los finales son fundamentales en el cine o las series y es una de las cosas que más recordamos en una película. Pero, ¿por qué? Uno de los finales más polémicos en televisión fue el de la serie Lost. Miles de fans del mundo entero pudieron verlo casi al unísono al emitirse simultáneamente en Estados Unidos y el resto de países. Pero es un final que desencantó a millones de seguidores.

Preguntado por ese desencanto, el actor Michael Emerson, que interpreta a Ben en la serie, contestó: “¿Si me gustó el final de Perdidos? Por supuesto, absolutamente, fue un final maravilloso. Tengo que confesarte que me sorprendió que alguien pudiera esperar un desenlace en el que se aclararan todos los enigmas porque la serie siempre había mantenido un tono en el que se esquivaban las respuestas. Lo más curioso es que hasta ese momento todos habían seguido nuestro juego hasta que de repente todo aquello les pareció mal. ¿Te has tragado 100 horas de televisión y de repente en la última decides que tienes que renegar de las 99 restantes? ¿Estás de coña?”.

Yo quería hacer un podcast sobre los finales, pero me dije que hasta que no tuviera una razón científica de por qué los finales son tan importantes no lo haría. Investigué y la tengo.

La diferencia entre la experiencia y la memoria

En una charla TED, Daniel Kahneman habla sobre el enigma de la experiencia frente a la memoria. Considerado ampliamente como el psicólogo vivo más influyente del mundo, Daniel Kahneman ganó el Nobel de Economía por su trabajo pionero en economía del comportamiento: explorar las formas irracionales en que tomamos decisiones sobre el riesgo.

En esta charla, el Premio Nobel revela que podemos pensar en las personas en términos de dos “yo”. Hay un “yo que tiene experiencias” y vive el presente. Conoce el presente y es capaz de revivir el pasado. Es lo que hace un médico cuando te dice, “¿te duele si te toco aquí?” También hay un “yo que recuerda”, es el yo que toma nota y mantiene la historia de nuestra vida. Y es al que el médico le pregunta, “¿cómo estás últimamente?”

Si llevamos esta teoría a nuestro terreno veremos que el “yo que experimenta” es el que se emociona, se ríe, se asusta y sufre mientras está viendo la película. Es un yo que está experimentando la película según la está viendo. Por otro lado está el “yo que recuerda”, que es el yo que construye un relato sobre lo que ha visto y sale a relucir cuando alguien te pregunta “¿Qué tal la película de ayer?”

Son dos partes muy diferentes, el yo que vive experiencias y el yo que recuerda experiencias. Según Kahneman la confusión entre ambos hace más difícil entender si la gente es feliz… y añado yo, también es lo que nos hace dudar de si una película o serie nos ha gustado o no.

El yo que tiene recuerdos es un narrador de historias, un storyteller. No solo contamos historias cuando vamos a contar historias. Nuestra memoria nos cuenta historias continuamente. Lo que nos queda de recordar lo que vivimos es una historia. En la vida real y también cuando vemos películas. Al acabar de ver una película nos contamos a nosotros mismos una historia de si nos ha gustado, de qué nos gustado más o menos, de en qué momento nos emocionamos o reímos más. Y esa historia que nos hemos contado será la que reproduzcamos cada vez que alguien nos pregunte por la película.

Kahneman menciona en su charla TED un estudio de los años 90 sobre una experiencia dolorosa. Una colonoscopia. En el ejemplo relata a dos pacientes se les hizo una colonoscopia y se les preguntó cada minuto si sufría dolor y con qué intensidad. Uno de los pacientes tuvo una experiencia más corta, 8 minutos, pero la colonoscopia terminó en el momento de máximo dolor. El otro tuvo una experiencia más larga, 25 minutos, y pasó por los mismos momentos de dolor que el primero y muchos más. Pero con el paso de los minutos, cada vez le fue doliendo menos hasta que el dolor se diluyó.

Ante esto os pregunto cuál de los dos ha sufrido más. Si vamos a ver los datos, el que estuvo más tiempo sufrió más porque tuvo el mismo dolor que el primero, más muchos momentos de dolor que le siguieron hasta que se finalizó la prueba. Pero lo sorprendente es que cuando se les preguntó sobre la experiencia, el primero tenía un recuerdo muchísimo peor que el segundo. Y esto es porque una de las partes más importantes de una historia es cómo termina. El que tiene el recuerdo peor en el caso de las dos colonoscopias no es el que sufrió más, objetivamente, sino el que tuvo un final peor. El que sufrió más al final.

Y esto es un conflicto entre el yo que experimenta y el yo que recuerda. El que experimenta está mostrando en ese momento su dolor, pero el que recuerda depende de la historia que se ha construido. Y esa historia depende mucho de cómo acaba esa vivencia. Si les preguntas un tiempo después, el primero, aunque sufrió menos tiempo, la recuerda peor porque acabó con un dolor más intenso.

Cuando vemos una película que nos encanta, pero no nos gusta el final, podemos decir que es final nos ha estropeado la experiencia de ver la película. Pero no es así, no nos ha estropeado la experiencia, nos ha estropeado el recuerdo de la experiencia. Hemos tenido muchos minutos de una experiencia que hemos disfrutado pero como el final no nos ha gustado se ha quedado con un recuerdo malo.

Vamos a un ejemplo futbolero, que este año tenemos Copa del Mundo. Imaginaos que vuestra selección llega a la final… y en el primer minuto meten un gol contra tu equipo. A partir de ahí toca sufrir. Pasas 90 minutos de sufrimiento. Y en el minuto 90, tu equipo mete un gol… y un minuto después el otro. Tu selección gana el partido y la Copa Mundial. Si lo evaluamos objetivamente has pasado 90 minutos de sufrimiento y dos de felicidad. Pero esa felicidad ha sido el final, por lo que tu yo que recuerda construirá una historia heróica y feliz que pondrá a ese partido en lo más alto de tu historia futbolística mundialera. Y todo el sufrimiento de tu yo que experimenta se olvidará gracias a ese final feliz.

Volvemos al ejemplo médico que puso Kahneman en su esclarecedora charla TED. A la conclusión que llegaron los doctores para que los pacientes sufrieran menos fue prolongar la colonoscopia un par de minutos más después del momento del dolor más intenso. Manteniendo el tubito y moviéndolo un poco. Entonces el paciente sufría un poco más de dolor, pero el recuerdo que mantenía después era menos doloroso. El “yo que experimenta” sufría más, pero el “yo que recuerda” construía un recuerdo menos doloroso. Con este cambio se le daba al yo que experimentaba una mejor historia sobre su experiencia.

Lo que define una historia son los cambios, los momentos importantes y los finales. El yo que vive experiencias las vive continuamente, pero la mayoría de esas experiencias se pierden para siempre. La mayoría de esos momentos son ignorados por el yo que recuerda. Al final lo que importa no es lo que hayamos vivido si no lo que recordamos.

Os hago una pregunta. Si os dieran a elegir entre ver la mejor película de la historia, esa película que os iba a emocionar, divertir, excitar vuestra inteligencia y sentidos. Es decir, la película que va hacer que vuestro “yo que experimenta” viva el mejor momento de su vida… pero a cambio de que cuando termine la película tuvierais amnesia y el yo que recuerda no recordara nada… ¿qué elegirías? ¿Vivir la experiencia única aunque luego no la recordéis o vivir una experiencia peor pero poder recordarla?

Cómo saber qué final necesita nuestra historia

Y llegamos al momento de las conclusiones. Cómo podemos adaptar la lección del estudio de la colonoscopia y la división entre el “yo que experimenta” y el “yo que recuerda” en la construcción de nuestras historias. ¿Cómo escribir el final de nuestra historia?

  1. La importancia del final.

Lo primero que hemos aprendido hoy es la importancia del final y su influencia en el “yo que recuerda”. Cuando alguien ve una película experimenta muchas emociones, risas, miedos, llantos… pero después lo que queda es lo que haya construido el “yo que recuerda”. Y eso depende mucho del final de la historia. Dependiendo de cómo terminemos nuestro guion el “yo que recuerda” del público se creará una historia u otra. Esa historia será la que se repita cada vez que alguien le pregunte ¿te gustó la película? Por eso debemos poner una importancia vital en cómo terminar nuestra historia.

  1. Los finales felices.

La primera opción para que nuestro público se construya un recuerdo satisfactorio es hacer un final feliz. Eso lo sabe Hollywood desde el principio de los tiempos. Si al final de la película el protagonista consigue su objetivo, aunque sea después de mucho sufrimiento en el clímax, el público saldrá feliz del cine y se construirá un buen recuerdo de la experiencia. El cine comercial se basa en los finales felices.

  1. Los finales traumáticos.

También hemos aprendido que si queremos un final traumático debemos terminar nuestra historia justo después del clímax, en el momento más doloroso. Sin anestesia. Que el espectador salga del cine con la sensación que hemos querido transmitirle: desazón, temor, angustia… El protagonista no consigue su objetivo, puede que muera, y con ese desenlace doloroso termina repentinamente la película dejando al espectador pegado en su butaca.

  1. Los finales no felices pero no dolorosos.

Si queremos un final no feliz, pero que lo recuerden bien, alarguemos el final con alguna escena que mitigue el dolor. Nuestro protagonista no cumple el objetivo, incluso puede morir, pero vemos después varias escenas que nos muestran cómo continúa la vida sin él, de ver qué legado le ha dejado al mundo, de aprender alguna lección con la historia… El espectador tiene tiempo para ir asimilando poco a poco el final doloroso y construirse un recuerdo de la historia que pueda ser satisfactorio.

Y para no dejaros con este final agridulce voy a alargarlo un poquito recordándoos que podéis conseguir un “final feliz” si me hacéis un comentario o valoración en Itunes, Ivoox o Youtube. Yo a cambio os prometo volver el martes próximo con nuevas técnicas, estrategias y análisis para que aprendamos entre todos a ser mejores guionistas.


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