38. Cómo evitar que tu serie jump the shark

¿En qué momento empezamos a desenamorarnos de una persona? Difícil saberlo, ¿no? ¿En qué momento dejamos de amar una serie y pasamos del seguimiento máximo al desencanto? Obviamente, decidir ese momento es algo bastante subjetivo, pero hoy veremos que existe un término en la crítica televisiva que intenta fijar ese momento: Jump the shark. Determinar el momento en el que una serie pierde su credibilidad y muchos fans empiezan a desilusionarse nos puede ayudar en la construcción de nuestras historias. Veamos cómo.

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¿Qué significa Jump the shark?

La frase jump the shark (saltar sobre el tiburón) es una expresión empleada generalmente por los críticos de televisión estadounidense para definir el momento en el que ocurre un evento extraordinario e inesperado en la línea argumental de una serie que es tan exagerado, que su historia pierde la credibilidad para siempre. Desde ese momento, tanto críticos como espectadores saben que ya nunca será igual.

Las series que llevan mucho tiempo en emisión son las que más peligro tienen en caer en este recurso. Cuando empiezan a perder audiencia los productores y guionistas introducen puntos de inflexión y cambios en tramas, estructuras y personajes que son difíciles de justificar. Estas medidas desesperadas son las que provocan algunos jump the shark míticos como los que veremos en el podcast de hoy.

¿Cuál es el origen del término Jump the shark?

La expresión jump the shark tiene su origen en la serie estadounidense Happy Days. Estaban en su quinta temporada, en septiembre de 1977, y tenían una bajada de audiencia, cuando pasó la mítica escena que dio nombre a la expresión. Fonzie, el protagonista de la serie, visita Los Ángeles y allí de forma sorprendente salta sobre un tiburón con sus esquíes acuáticos. Con esta acción, tan innecesaria e injustificada, demostró su valentía tras una apuesta. La serie continuó durante casi siete años más, pero sus fans supieron que desde ese salto sobre el tiburón ya nada fue lo mismo.

La expresión fue acuñada en el año 1985, un año después de haber terminado de emitirse la serie Happy Days. Sean J. Connolly, después de una conversación con su amigo Jon Hein, dio de alta el sitio web jumptheshark.com. En esta web explicó el concepto: “Se trata de un instante. Un instante determinado en el que tu serie favorita ha encontrado el pico de interés. A partir de ese instante todo va cuesta abajo, a partir de ese instante el programa ya no será igual”. En esta web el público daba opiniones sobre las series. El dominio se acabó vendiendo y fue redirigido a la página principal de TV Guide. Muchos seguidores de la página consideraron que ésta había “saltado sobre el tiburón” al ver reducidos notablemente sus contenidos.

Decálogo para no hacer Jump the shark

Desde que se acuñó el término Jump the shark se ha utilizado muchas veces para hablar del declive de alguna serie. Vamos a analizar los casos más sonados y los motivos por lo que las series saltaron el tiburón… con el objetivo de que nosotros no lo hagamos, claro.

1. No cambiar el rasgo físico esencial del protagonista.

Todos nos enamoramos de nuestros protagonistas y nos acostumbramos a su imagen por lo que los cambios drásticos de imagen no suelen ser bien recibidos. Sobre todo, los cambios que afectan a la esencia del personaje, como el que sufrió Keri Russell en Felicity. La serie Felicity era un retrato realista de la transición de una adolescente a la edad adulta a través de su paso por la universidad y las relaciones que hizo a lo largo del camino. Una adolescente divina con una melena rizada que llenaba toda la pantalla. El problema surgió cuando tras una ruptura emocional decidieron darle un drástico corte pelo. Desde entonces ya nada fue igual, ni para los espectadores ni para los índices de audiencia.

Pero esto no implica que todos los cambios físicos importantes de un protagonista produzcan un jump the shark. Tenemos que plantearnos si el cambio es esencial en la serie o un simple lavado estético. Uno de los cambios físicos más viscerales de los últimos años es el que transformó a Walter White en Heisenberg. Pero esa transformación no solo no fue un salto de tiburón sino que potenció la serie ya que era un cambio que estaba en la premisa inicial del proyecto. Como explica el propio título, Breaking bad trata sobre cómo un hombre normal se adentra en su lado oscuro. Y ese viaje, además de psicológico es físico, por lo que su transformación estuvo más que justificada.

2. No resolver la “tensión sexual no resuelta”.

“URST” es el acrónimo de “unresolved sexual tension”, o lo que es lo mismo, tensión sexual no resuelta. Es uno de los recursos más utilizados en las series televisivas. Parejas clásicas como Rachel y Ross en Friends, Mulder y Scully en Expediente X o House y Cuddy en House se han mantenido a distancia gracias a esta estrategia narrativa, pero ha habido otras parejas que no lo han podido resistir. Y han pagado por ello.

Uno de los ejemplos clásicos de tensión sexual no resuelta es Luz de luna (Moonlighting), un dramedia donde Bruce Willis y Cybill Sheppard derrochaban química sexual. Durante dos temporadas estuvieron resolviendo casos en su agencia de detectives mientras coqueteaban. Hasta que en la 3ª temporada acabaron juntos, perdiendo parte de esa química. Y para muchos de sus seguidores fue su fin.

Aunque otras series que también sufrieron un jump the shark por resolver la tensión sexual de sus protagonistas sí supieron remontar a tiempo como Cheers. En Cheers la tensión no resuelta entre Sam Malone, el barman exjugador de béisbol, y la intelectual camarera Diane Chambers mantuvo en alto toda la primera temporada. En la segunda decidieron juntarlos y, pese a mantener el interés y el humor gracias a la calidad de la serie, algo se resintió. Pero en la tercera temporada volvieron a separarlos y remontó el vuelo con más fuerza que nunca. Hasta que tras la 5º temporada Shelley Long abandonó la serie llevándose a su personaje de Diane. Pero los productores lo tuvieron claro y fue sustituida por Kristie Alley  que mantuvo la tensión no resuelta con Sam Malone hasta que la serie acabó tras diez temporadas.

3. No cambiar la premisa principal de la serie.

La premisa de una serie es el concepto que la sobrevuela, la idea principal que los autores quieren transmitir por eso es algo peligroso de cambiar cuando una serie funciona. Aunque a veces es difícil de mantener de una temporada a otra, y los resultados del cambio no suelen ser muy satisfactorios. Por ejemplo, ¿cómo hubierais continuado vosotros Prison Break una vez que los prisioneros se fugasen?

Prison Break es la historia de los dos hermanos, uno condenado a muerte por un crimen que no cometió, y el otro que elabora un elaborado plan para ayudar a su hermano a escapar de la prisión y limpiar su nombre. Al final de la primera temporada, los hermanos, junto con otros presos, escapan en un túnel excavado bajo los muros de la prisión. Y entonces la serie dejó de tratarse de prisioneros y comenzó a ser sobre fugitivos. La fórmula original había cambiado demasiado. Los productores se dieron cuenta y al final de la segunda temporada varios prisioneros fueron recapturados y encarcelados en Panamá. Otra vez volvían a prisión, aunque ya fue tarde para muchos fans.

4. No perder al personaje principal de forma absurda.

Uno de los mayores problemas que tienen las series de larga duración es mantener los contratos de sus actores protagonistas. El tiempo les suele desgastar y a veces los incentivos económicos suelen ser suficientes para retenerlos. Pero es muy importante si se va a sustituir a uno de sus personajes principales encontrar una buena excusa dramática que lo sustente. Obviamente es un mal no buscado con el que hay que lidiar, pero por lo menos dentro de la historia hay que encontrarle una solución coherente.

Uno de los ejemplos más sorprendentes de desaparición de un personaje protagonista sucedió al final de la séptima temporada de The X-Files. David Duchovny había decidido abandonar la serie y no se les ocurrió otra cosa a los productores y guionistas que hacer que Fox Mulder fuera abducido por extraterrestres. Es posible que por eso decidieran más tarde en la novena temporada titular uno de sus capítulos “Jump the Shark”. Aunque lo sustituyeron por Robert Patrick, el malo de Terminator, evidentemente Mulder fue irremplazable.

Otro ejemplo mítico sucedió en el clásico serial Dallas. Patrick Duffy quiso abandonar la serie y los guionistas mataron a su personaje, Bobby Ewing. Cuando quiso volver un año después los guionistas fingieron que toda esa temporada había sido un sueño de Pamela, que se lo encontró en la cama al salir de la ducha. Estaba claro que la serie ya nunca ganaría toda esa credibilidad perdida. Y para sueños famosos el de Resines en Los Serrano, un jump the shark escandaloso que no tuvo ninguna repercusión porque fue en el último episodio de la serie. Eso sí, en las escuelas de guionistas todavía se pone como ejemplo de lo que NO hay que hacer.

5. No perder al guionista-creativo principal.

Al igual que los actores se cansan de los proyectos y se marchan, también lo hacen los creativos. Otro mal inevitable que hay que intentar suplir como se puede, pero que no siempre es posible, como vimos en Seinfield. La sitcom que se autodefinía como un  “espectáculo sobre nada” nació del cerebro de Larry David y Jerry Seinfeld y creció hasta convertirse en una de las más exitosas de la historia. Pero, después de la séptima temporada, Larry David se bajó del barco y ya nada fue igual. Para los fans fue un auténtico Jump the shark y los diálogos no volvieron a tener nunca tanta magia.

6. No cambiar de forma drástica el estatus de los personajes principales.

El estatus o nivel de vida de los personajes no solo determina sus vidas, sino todo el tono de la serie. Cuando ya nos hemos acostumbrado a que lleven un tipo de vida, con un tipo de problemas y eso forma parte de la esencia de la serie y un cambio brusco puede hacer que nuestra serie salte el tiburón definitivamente.

La divertida serie de los 90 Roseanne es uno de los ejemplos de las consecuencias de un cambio brusco en el estatus de nuestros personajes. En el estreno de la novena temporada de la serie, la familia de clase trabajadora que nos invitaba a su casa semana tras semana ganó la lotería. Sí, ganó de repente la lotería y su estatus cambió radicalmente, haciendo que los episodios se alejaran paulatinamente de la fórmula original. Tras este salto suicida de tiburón solo quedó terminar la temporada y la serie se canceló.

7. No cambiar la estructura de los episodios.

Como hemos hablado varias veces en el podcast, las series tienen formatos claros que repiten las estructuras de sus capítulos. Se crea un patrón y se repite en cada emisión. Los espectadores se acostumbran a ellos y los esperan cuando ven el episodio. Por eso siempre es un riesgo cambiar una estructura que ya está consolidada.

Lost tuvo desde el inicio una estructura muy clara, marcada por el uso de flashbacks para rellenar las back-stories o historias de fondo de los personajes. En el último episodio de la tercera temporada, sin embargo, la serie nos sorprendió a todos y lo que parecía un flashback era en realidad un flashforward que mostraba lo que pasó a los personajes una vez que salían de la isla. La idea fue genial, y encajaba en el carácter sorprendente de la serie, pero para muchos fue un jump the shark que abrió una nueva estructura con tantos cambios temporales que no te permitía nunca saber en qué momento estaban los personajes. Hubo una bajada en el entusiasmo de la audiencia en este punto, y el programa no logró reunir el amor que había disfrutado en los primeros días.

8. No hacer experimentos con el género de la serie.

Otra de las constantes en una serie es el género, pero en los aniversarios o por simple afán de sorprender a la audiencia a veces se permiten hacer episodios especiales en los que cambia. Episodios en tiempo real, musicales, tipo documental… a priori no tiene que ser algo negativo, pero hay que hacerlo con cuidado porque la serie puede alejarse demasiado del tono y que el espectador no lo viva como una fiesta.

En su séptima temporada, Anatomía de Grey quiso innovar un poco en la estructura de algunos de sus capítulos. Tuvieron uno grabado en forma de falso documental, otro emitido en tiempo real (que no en directo) y un episodio musical. En este último es cuando según muchos de sus fans se saltó el tiburón. Fue extremadamente inoportuno y fuera de lugar que sus personajes se pusieran a cantar después de un terrible accidente de tráfico.

9. No excederse en cameos y estrellas invitadas.

Cuando las estrellas invitadas se usan correctamente en una serie pueden hacer que la historia se haga más grande, aportan caché y le dan un nuevo aire que no suele venir mal. Pero si te excedes en el uso de las estrellas invitadas corres el riesgo de que eclipsen a los actores residentes y al final no sepas quiénes son los verdaderas protagonistas de la serie. Por no decir del empalague que produce tanta estrella junta.

Cerca del final de las ocho temporadas de Will & Grace se produjo una auténtica cascada de estrellas invitadas. Un Jack Black por aquí y un Matt Damon por allá no podríamos calificarlo como un jump the shark, pero si le añadimos a Tim Curry, Andy García, Madonna, Jennifer López, Britney Spears, Sharon Stone, Demi Moore y Seth Green sabes que más que un tiburón te has saltado una ballena.

10. No excederse en las desgracias de un personaje hasta el sadismo.

Y para terminar si hay un personaje que no te gusta tienes que darle una salida con dignidad, no humillarlo y machacarlo hasta la extenuación como hicieron en Urgencias (ER) con Robert Romano el personaje de Paul McCrane. En el estreno de la novena temporada, el cirujano perdió el brazo con una cuchilla de helicóptero. Este hecho y la posterior historia de recuperación se manejó bastante bien. El brazo le fue injertado e hizo rehabilitación, aunque como no conseguía recuperarse decidió  amputarse. Como si el pobre doctor ya no tuviera suficiente mala suerte con los helicópteros, poco más de un año después, un helicóptero de transporte explotó en mitad del aire y los restos caídos lo mataron. ¿Es o no es eso un acto de sadismo con un personaje? Además no hablamos de una comedia, sino de un drama médico.

El problema de los jump the shark es que cuando los productores lo plantean no prevén sus consecuencias. Piensan que un cambio le vendrá bien a la serie, pero no son conscientes de que es un salto desesperado hacia delante. De todas las formas todo esto es bastante discutible y seguro que muchos de vosotros me podréis dar ejemplos de cambios viscerales en alguna serie que les salió bien a sus productores y no podríamos calificarlos de fracasos.

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Con esto acabamos el podcast de hoy, donde hemos visto qué tenemos que hacer para no hacernos un Jump the shark. Muchas gracias por estar al otro lado y si os interesa el mundo del guion, ya sabéis, suscribíos a Guiones y guionistas, tanto al podcast en Itunes e Ivoox como a la página de Facebook, lo compartís en las redes sociales, e incluso podéis valorarlo con 5 estrellas en Itunes o le dais un “Me gusta” en Ivoox, y así que se extienda. Estaremos juntos los martes y jueves con nuevas técnicas, estrategias y análisis para que aprendamos entre todos a ser mejores guionistas. Hasta pronto.


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