96. Cómo utilizar el suspense en un guion

Hoy en el podcast volvemos a las técnicas narrativas con uno de los métodos más utilizados tanto en el cine y las series como en literatura o cómic: el suspense, como decimos en España, o el suspenso, como dicen en Hispanoamérica. Y veremos como es una técnica que no solo se utiliza en el género de dicho nombre, el suspense, sino que se puede utilizar en cualquier género.

Y continuamos con el curso de Creación de Webseries en la plataforma de Guiones y guionistas. Hoy vamos a tratar de los personajes de vuestra serie web. Veremos cómo crearlos según la función que tengan en la historia y cómo presentarlos en la webserie, porque al ser de menos duración que una serie normal hay algunos trucos que hay que tener en cuenta. Y aunque queden todavía unas semanas ya voy a adelantaros uno de los cursos de la próxima tanda… Diálogos. Sí, me lo pedís todos, por lo que cuando acaben los cursos de esta tanda comenzaremos con el curso de diálogos.

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Qué es el suspense o suspenso

El suspense o suspenso es un recurso narrativo utilizado en literatura, cine, series, cómics y videojuegos, cuyo objetivo principal es mantener al lector o espectador a la expectativa de lo que pueda ocurrirle a los personajes y, por lo tanto, atento al desarrollo de la narración. Para generar esta expectativa la narración debe colocar a los personajes en un estado de tensión, ansiedad e incertidumbre, que genere en los espectadores una necesidad apremiante de saber qué va a ocurrir.

El suspense no es algo exclusivo del terror, la amenaza de muerte o de situaciones peligrosas. Existe suspense cuando vemos que el protagonista de una película camina de noche por una calle solitaria y los espectadores sabemos que un grupo de atracadores está esperándolo para asaltarlo… pero también cuando hemos visto que una niña quiere declararse al niño de su clase que le gusta y no se atreve a pedírselo por miedo a que no lo acepte… y se acerca a hablar con él… pero no le salen las palabras… y el niño le pregunta… y ella comienza a hablar… pero se bloquea… y los espectadores están con la tensión de si se atreverá a decírselo y de qué contestará él.

Los espectadores estamos con tensión por lo que pasará con los personajes porque empatizamos con lo que pasa y porque, al fin y al cabo, el suspense también es parte de nuestra vida. Todos hemos vivido situaciones en las que hay posibilidades de que ocurra un desenlace doloroso y tenemos ansiedad porque llegue ese desenlace y vivimos esos segundos con tensión. Pues del mismo modo en que los sufrimos en la vida los sufrimos en las narraciones cuando somos lectores o espectadores. Nuestra cabeza vive la incertidumbre de qué va a pasar e imagina desenlaces desagradables.

El suspense nace de la incertidumbre en cuanto al futuro, por eso se utiliza alargando las resoluciones, generando estrés y tensión. Esta narrativa de tensión ralentiza los acontecimientos haciendo que va a pasar algo pero que en realidad no pasa nada… hasta que pasa.

Diferencia entre suspense y sorpresa

Hay gente que confunde suspense con sorpresa, porque los dos son recursos narrativos que juegan con la información que tienen los personajes y los espectadores. Pero lo hacen de diferente forma. Para entenderlo no hay nada como recurrir al clásico ejemplo que dijo Hitchcock a François Truffaut en las míticas entrevistas que terminaron en el libro El cine según Alfred Hitchcock.

“Ahora estamos manteniendo una charla muy inocente. Supongamos que hay una bomba debajo de esta mesa entre nosotros. No sucede nada, y luego de repente, «¡Booom!». Hay una explosión. El público se sorprende, pero antes de esa sorpresa, ha visto una escena absolutamente ordinaria, sin ninguna consecuencia especial. Ahora, tomemos una situación de suspense. La bomba está debajo la mesa y el público lo sabe, probablemente porque han visto al anarquista colocarla ahí. El público es consciente de que la bomba va a explotar a la una y hay un reloj en el decorado. El público puede ver que es la una menos cuarto. En esas condiciones, esta inocente conversación se vuelve fascinante, porque el público está participando en la escena. El público ansía advertir a los personajes de la pantalla: «No deberías hablar de asuntos tan triviales. Hay una bomba a tus pies ¡y está a punto de explotar!». En el primer caso hemos dado al público quince segundos de sorpresa en el momento de la explosión. En el segundo caso les hemos proporcionado quince minutos de suspense. La conclusión es que siempre que sea posible, el público debe estar informado.”

La matriz del suspense y la sorpresa

Y para ver las opciones que hay entre la sorpresa y el suspense he compuesto una matriz de cuatro cuadrados. En el eje superior he puesto por un lado los personajes y por otro los espectadores. Y en el eje de la izquierda la sorpresa y el suspense. Y cruzando unos valores con otros me salen cuatro opciones

personajes                   espectadores
sorpresa al personaje sorpresa al espectador
suspense al personaje suspense al espectador

 

sorpresa

 

suspense

 

  1. La primera opción plantea que tanto los personajes como el espectador tengan una sorpresa. Sería el caso de que, en el ejemplo de Hitchcock, la bomba explotara sorpresivamente. Entonces se produce una gran confusión tanto para los espectadores como para los personajes y todos nos reponemos poco a poco. Pero, como bien dice Hitchcock, todo dura unos segundos.
  2. La segunda opción nos ofrece que para los personajes sea sorpresa y para los espectadores suspense. Volviendo al ejemplo de Hitchcock, los espectadores hemos visto cómo colocan la bomba y pasamos varios minutos de tensión esperando que los personajes se levanten y abandonen la sala librándose así de la explosión. Es el caso de muchas películas de espías, policíacas y de terror. El espectador sabe que el Buffalo Bill es el hombre que abre la puerta a Clarice en el Silencio de los Corderos y querríamos avisarle del peligro.
  3. En la tercera opción los personajes están en suspense pero para los espectadores es una sorpresa. Los personajes están tensos, saben que va a pasar algo, tienen más información que el espectador. Pero los que disfrutan de la narración no saben por qué los personajes están nerviosos. No saben qué está a punto de suceder. Y cuando pasa se les pilla por sorpresa. Aquí es el personaje el que tiene amarrado a su cuerpo la bomba dispuesto a inmolarse en cualquier momento. Pero como lleva la ropa, el espectador todavía no lo sabe. Lo ve sudar, es consciente de que algo pasa, pero no puede sentir suspense porque le falta información.
  4. En la cuarta opción tanto los personajes como los espectadores viven el suspense de forma pareja. Es la típica narración de terror o de espías. El protagonista entra en una casa misteriosa donde le avisan que han puesto una bomba. Todos sabemos que en cualquier momento puede pisarla y explotar. Él avanza despacio, prudente, temiendo que en cada paso puede encontrar la bomba y explotar en pedazos… y nosotros sufrimos a la par que él.

Los 5 pasos para crear suspense.

Y ahora que ya tenemos claro en qué consiste el suspense vamos a ver cómo crear suspense en nuestras narraciones en cinco pasos.

1. El Anuncio.

Lo primero que hay que hacer para crear suspense al espectador es darle información. Él debe saber qué quiere el protagonista, cuáles son los planes del enemigo y sentir que está a punto de ocurrir algo. En el ejemplo de Hitchcock con la bomba debajo de la mesa, primero nos han anunciado que unos anarquistas han colocado la bomba y que explotará en pocos minutos.

2. La Demora.

La bomba podía haber explotado en unos segundos, pero el narrador decide que sean 15 los minutos para que explote. Así demora la resolución creando el suspense. Los personajes siguen hablando tranquilos, sin ser conscientes de lo que les depara el destino. Pero nosotros deseamos que les llamen por teléfono o tengan que ir al servicio para que se salven de la explosión. Pero la conversación cada vez es más animada y los personajes no parecen querer levantarse… y el reloj de la bomba sigue avanzando inexorablemente. Es posible que de lo que hablen sea algo trivial para la narración, pero allí siguen y la escena se mantiene en tensión gracias a la bomba bajo la mesa.

3. Reducción de alternativas.

Para generar más tensión aún podemos reducir las alternativas y hacer que el espectador no se distraiga pensando en diferentes soluciones para la situación que está presenciando.

Entonces restringiremos a solo dos las posibles respuestas a la pregunta planteada (explotará-no explotará, vida-muerte, salvación-perdición). Es posible que llamen por teléfono a uno de los dos personajes pidiéndole que se vaya de ahí a otro sitio… pero él declinará la petición y se quedará sentado en esa mesa… bajo la cual hay una bomba.

4. Exageración de la demora.

Consiste en retrasar la respuesta anhelada por el espectador mediante acciones aparentemente innecesarias. Entonces vemos que un personaje pide otro café mostrando que todavía queda mucho que conversar y que no está dispuesto a irse tan rápido, y otro personaje se va al servicio… pero está roto y vuelve a sentarse a la mesa. Este recurso consiste en alargar el tiempo lo posible para que el espectador, que es el único que conoce la existencia de la bomba, además del que la puso, claro, sufra por la integridad de los personajes.

5. Resolución.

Y al final tenemos que resolver la situación. Si la bomba explota o no, matando o hiriendo a los personajes, dependerá de la narración, de lo que queremos obtener con la escena. Si el peligro es demasiado evidente y el protagonista acaba mal, los espectadores habrán sufrido inevitablemente. Pero si al final los personajes consiguen salvarse la tensión habrá merecido la pena y los espectadores respirarán tranquilos.

Y con esto terminamos el podcast de hoy en el que hemos visto qué es el suspense y cómo utilizarlo. Y si os ha interesado, agradecería comentarios y valoraciones en Itunes, Ivoox o Youtube. Estaremos juntos los martes y jueves con nuevas técnicas, estrategias y análisis para que aprendamos entre todos a ser mejores guionistas.

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